martes, 23 de agosto de 2016


Sebastián Piñera expresidente de Chile y eventual candidato para un nuevo período está de visita en Perú. Entre otras cosas, volvió a mencionar que desciende de Huayna Cápac.

Según www.emol.com, Piñera dijo, ""En una visita que hice a Perú, el Presidente Alan García me sorprendió con esa noticia. Él me dijo que yo era descendiente del último emperador inca, Huayna Cápac", relató. "Y era verdad, porque una hija de Huayna Cápac se casó con un español que se fue a Chile con Pedro de Valdivia en la expedición. De esa unión desciende, generación tras generación registrado y documentado, la familia Echenique de la cual mi madre es una miembro y, por tanto, yo también", agregó.

Esto me hace recordar el invierno de 2011, cuando frente a otro Presidente peruano, Piñera lanzó la misma frase. A raíz de ese episodio escribí algunas líneas que les invito a releer.


El 15 de junio de 2011, llegó a Chile el presidente electo de Perú Ollanta Humala. En su primer viaje tras el triunfo electoral, Humala decidió visitar al inquilino de La Moneda que, en una “distendida conversación” le contó que él desciende le emperador Inca Huayna Capac.


¿Qué?
¿Cómo dijo?
Pero, ¿está seguro?

Sí. Lo dijo. Y no fue la primera vez que hace mención a su alcurnia prehispánica. Como buena aprendiz del oficio del historiador, me entró la duda razonable de si será verdad o si efectivamente estábamos frente a otra piñericosas. Así es que gracias a los datos de dos tuiteros, comencé mi periplo por el tiempo. Gracias @bihotita y @sebapineda.

Comencemos

Miguel Juan Sebastián Piñera Echenique nació el 1 de Diciembre de 1949. Es el tercero de los seis hijos del matrimonio compuesto por José Piñera Carvallo y Magdalena Echenique Rozas. Aquí tenemos las dos primeras pistas. Sigamos el lado Piñera primero.

José Piñera Carvallo (1917) fue hijo de José Manuel Piñera Figueroa, abogado de la Universidad de Chile y Elena Carvallo. José Manuel Piñera Figueroa (1868) fue a su vez hijo de Bernardino Piñera Aguirre y María Luisa Figueroa Vial. Bernardino Piñera Aguirre fue hijo de José Piñera y Lombera y Mercedes Aguirre y Carvallo

José Piñera y Lombera (1827) fue hijo de Manuel Piñera y Josefa Lombera.

Aquí muere la rama en nuestras intenciones de llegar al Imperio Inca pues Manuel Piñera, sindicado como oriundo de Lima, tiene un apellido de origen asturiano y el resto de los Piñera serían, eventualmente españoles. Cabe indicar que fue José Piñera y Lombera quien llegó a Chile desde Lima debido a sus actividades comerciales.

Dado que con los Piñera nos fue mal, vamos a ver cómo nos va con los Echenique.

Magdalena Echenique Rozas fue hija de José Miguel Echenique Correa y Josefina Rozas Ariztía.

Josefina Rozas Ariztía (¿?) a su vez, fue hija de Nicanor Rozas Rozas y Josefa Ariztía Pinto. Josefa Ariztia Pinto- y aquí la cosa se vuelve interesante- fue hija de Ricardo Ariztía Urmeneta y LUISA PINTO GARMENDIA

LUISA PINTO GARMENDIA fue hermana de Aníbal Pinto Garmendia, cuñada Manuel Bulnes y a su vez fue hija de Luisa Garmendia Arrualde y Francisco Antonio Pinto.

¿Largo viaje? Vamos en la mitad. Quedémonos con la línea materna, nuevamente y de paso, viajemos a Tucumán.

Luisa Garmendia Arrualde nació en 1789 y fue hija de José Ignacio de Garmendia y Aguirre y de Elena María de Arrualde Villagrán. Sigamos a Elena. Elena María de Arrualde y Villagrán es indicada como una de las patriotas de Tucumán en la época de la Independencia de las Provincias de La Plata. Nació en 1776 y tras enviudar se casó con el padre de Luisa. Elena fue hija de Miguel de Arrualde Vera y Aragón y de María Josefa de Villagrán.

No se tiene certeza de la fecha de su nacimiento, o al menos no encontré las suficientes fuentes, pero Miguel de Arrualde Vera y Aragón fue hijo de Antonio Arrualde y Egusquiza con María de Vera y Aragón. Miguel fue el primer Arrualde nacido en América pues su padre venía directo de la metrópolis (no, no era Superman, así se le llamaba a España. Sigamos) Esta señora María, fue hija del Sargento Mayor Miguel de Vera y Aragón quien se casó con Leonor de Medina y Montalvo. El sargento fue hijo de Juan Alfonso de Vera y Zárate, nacido en 1602, casado con Leonor de Zúñiga. Su padre, también llamado Juan, se casó con maría de Figueroa y Holguín y ¡paf! Llegamos al siglo XVI. En 1561 nació Juana Ortiz de Zárate quien se casó con Juan Torres Vera y Aragón0 Y aquí, necesito redoble de tambores, fanfarrea y cotillón

Juana Ortiz de Zárate es hija de….ratatatatatatatatatattatatatatatatatan


JUAN ORTIZ DE ZÁRATE Y LA PRINCESA INCA LEONOR YUPANQUI

¡¡¡ YUPI !!!



¡¡¡Uf!!! Costó pero llegamos.


La historia de la princesa esta es bien bonita, pero no nos vayamos por la tangente. ¿Qué tiene que ver Leonor con Huayna Capac? Fácil, era su bisnieta. No nos meteremos en líos familiares. Baste decir por ahora que Huayna Capac fue el predecesor de Huáscar. El resto, corre por su cuenta intrépido lector. Ahora bien, no hicimos este manso recorrido sólo para confirmar que esta no fue otra Piñericosas y que Piñera por fin le achunta a algo.

Hay varias ideas que surgen de todo lo anteriormente expuesto.

Dejemos en claro algo. No cualquiera tiene la suerte de reconstruir su árbol genealógico hasta 500 años atrás. Si fue posible es porque había fuentes escritas y ello, hasta bien entrado el siglo XIX e incluso el XX es un símbolo de elite. Hasta antes de la llegada de la imprenta a Chile durante la independencia y de la puesta en marcha del proceso de alfabetización, la cultura en América era eminentemente oral. Las partidas de nacimiento, matrimonio y defunción así como los testamentos, cartas y crónicas son propios de la minoría letrada de la América hispana. El resto de la población, que conjugaba mestizos en sus más diversas clasificaciones e indígenas pasaba por esta vida con más pena que gloria y, dada la oralidad de su cultura, sin dejarnos muchas huellas. A modo personal, por ejemplo,  mis bisabuelos eran del campo en Melipilla y sus padres eran peones analfabetos, por lo que más allá de 1872 no he podido llegar. Piñera debería ser un agradecido de poder reconstruir toda su historia.

Por otra parte, esta genealogía nos muestra las estrechas redes que unen al expresidente Piñera con la elite de la elite criolla. Al reconstruir su historia aparecieron apellidos que no son en absoluto propios del bajo pueblo y en la investigación express que hice salieron varios Matte, Aldunate, Undurraga y un largo etc. de apellidos vitivinícolas. Dado lo anterior, es impresentable que nuestro presidente se presente ante la ciudadanía como un hombre de clase media. Cero opción.

Eso sin mencionar que Piñera está emparentado con tres presidentes: Francisco Antonio Pinto, presidente en los tormentosos años de "formación y aprendizaje político" (1827-1829)  como diría Julio Heisse bajo cuyo mandato se dictó la constitución Liberal de 1828; Aníbal Pinto ( 1876-1881) presidente que firmó la declaración de guerra en 1879 contra Bolivia y Perú e indirectamente con Manuel Bulnes ( 1841-1851) héroe máximo de la Guerra contra la Confederación  y quien derrotó a Andrés de Santa Cruz en la batalla de Yungay. Cuento corto, Piñera está emparentado con los dos presidentes que marcaron algunos de los episodios más fuertes para Perú durante el siglo XIX. Obviamente, ese dato Piñera no se lo mencionó a Humala.

¡Ajá! No faltará quien diga: pero su padre fue funcionario público y Sebastián hizo su fortuna como buen emprendedor que es y que vincularlo a la elite decimonónica es una exageración. Craso error. Todos sabemos que la sociedad chilena privilegia el origen por sobre el mérito y que muchas de las oportunidades que tuvo se deben a buenas redes sociales. Y no me refiero a twitter con eso. Y, por lo demás, está muchísimo más cerca de Aníbal Pinto que de Huayna Capac.

Volviendo a lo que nos convoca, la mención de Piñera respecto a sus orígenes incaicos me parecen absolutamente fuera de foco. Primero porque se lo dice al presidente electo del país donde estuvo ubicado el epicentro mismo de ese imperio, es como decirle: Tú te alegras de ser presidente de Perú? ¡TOMA! Yo desciendo del mismísimo INTI. Mesianismo barato.

Segundo, porque muestra esa detestable cualidad del chileno promedio de preguntar apellido, cuidad de origen, colegio y universidad. Tercero, porque dudo honestamente que Piñera sienta verdadero orgullo por tener sangre indígena en sus venas la que, a estas alturas, tras 500 años y tanto cruce de genes, me tinca que bien poca le va quedando.

Piñera por enésima vez trata de hacerse el amable y no le resulta. Nuevamente se ganó una facepalm.
*Fuentes:                                                                                                                                                 
Diego Barros Arana, Historia Jeneral de Chile
Pedro Pablo Figueroa, Diccionario biográfico de Chile    
Virgilio Figueroa, Diccionario histórico, biográfico y bibliográfico de Chile
Julio Retamal Favereau, Familias fundadoras de Chile
Wikipedia
Y...mi cerebro


viernes, 20 de julio de 2012

OVEJA ROJA II




REVELADORAS  VACACIONES

Hace años, por ahí tipo 1950 mi abuelo junto con su compadre decidió, a espaldas de sus esposas, comprar dos pequeños terrenos en la localidad de La Boca, comuna de Navidad en la Provincia del Cardenal Caro. Obviamente debía ser en secreto pues el lugar quedaba tan alejado y era tan difícil de llegar que mi abuela bajo ningún punto de vista lo aceptaría. Más aún cuando en esos años la micro llegaba sólo hasta Navidad y había que caminar hasta La Boca cuál explorador. No había agua potable, luz eléctrica ni caminos. No, nica mi abuela lo apañaría, por eso el viejo hizo el negocio a escondido. Pillo.
Sin embargo Joaquín era porfiado y con su compadre Ernesto se las echaron no más en su periplo. Es que mi abuelo que había tenido una infancia muy dura no quería que sus tres hijos pasaran por las mismas pellejerías, por lo que decidió construir con sus manos y su sudor, una pequeña casita para que su familia y futuros nietos tuvieran un lugar para ir de vacaciones con seguridad.
La casa constaba de dos habitaciones y un baño. En una de ellas estaba el comedor y una cocinilla y en la otra una cama y dos camarotes. Eso era suficiente. Más adelante cuando llegaron los nietos, entre ellos yo,  se amplió la casa, pero no ahondaremos en detalles arquitectónicos, sino que nos concentraremos en el camino que había que seguir para llegar allá.
Pues bien, como les conté en un principio, la casa queda en La Boca. El camino más simple es llegar a Santo Domingo y luego tomar el camino a Rapel en el desvío a San Pedro. Suena fácil, sobre todo considerando que hoy existe la Autopista del Sol y la ruta completa está pavimentada, pero eso no ocurría veinticinco años atrás.
Recuerdo que viajar en los ´80 a La Boca era un suplicio. Yo amo profundamente ese lugar y siento que parte de mis raíces están ancladas en la desembocadura del Rapel, pero pucha que me daba susto viajar para allá.
De partida, los buses eran del terror. Viejos, destartalados, con canastos, gallinas cacareando, atados de cochayuyo y huiros  y las maletas amarradas en el techo viajaban a gran velocidad por camino sin pavimentar, con curvas bastantes terroríficas y bordeando unos precipicios de padre y señor mío, sin embargo, esas cosas no eran las que más me asustaban.
Hay un tramo en el camino a Rapel donde las curvas se acentúan y que coincide con un tupido bosque de eucaliptos y pinos. Se deja atrás los acantilados y se pasa a un camino plano. Era en parte la señal que estábamos cerca de nuestro destino.
Recuerdo que al comienzo de esta suerte de túnel de árboles se asomaba en una curva un portón de fierro y unos muros de adobe pintados de rojo. “Fundo San Enrique”  decía un cartel pintado a mano. Ahí mero yo, de unos 8 años tenía doble sensación. Por un lado alegría porque estábamos cerca de la playa y angustia y dolor de guata por lo que seguía más allá de la curva mencionada.
Resulta que en ese tramo y entre los árboles había a diestra y siniestra unas torres de vigilancia y entre las ranuras se asomaban fusiles. El bus bajaba su velocidad y podía mirar a través de la ventana cómo esos fusiles nos apuntaban. Alcanzaba a ver también la cara de los soldados que no dudarían en disparar si fuese necesario. El estómago se me apretaba y dolía de tal manera que solía terminar llorando de angustia pues no sabía por qué nos apuntaban, porqué tenían esa cara de furia y qué podía hacer estallar su ira, De hecho, en más de una oportunidad detenían los vehículos y helicópteros sobrevolaban el área.
Pasando el túnel de árboles la micro retomaba su velocidad de Fórmula 1, mi dolor de estómago se esfumaba y volvía mi alegría de llegar pronto a recoger conchitas  en la orilla del mar.
Tiempo después supe por qué tanta parafernalia belicosa. El lugar por donde pasábamos era, ni más ni menos, el Fundo Los Boldos en Bucalemu. Sí, el mismo que era propiedad de Augusto José Ramón Pinochet Ugarte.
Tal cual.

jueves, 19 de julio de 2012

OVEJA ROJA I



UNA ABUELA DE TEMER

Mi familia es bien fachita, que quieren que les diga. Es aquella típica familia de clase media-media tirando para baja que durante el gobierno de Allende lo pasó bastante mal en términos prácticos. Ya saben, lo de las colas y tal. A eso le sumamos que no había militantes de ningún partido y que el discurso de la derecha les acomodó bastante. [el marxismo leninismo y esas leseras]
Por lo tanto crecer en ese contexto y salir más bien colorada no es nada fácil de explicar.
Hace un par de semanas en un cumpleaños familiar yo, para variar, defendía la causa estudiantil y despotricaba contra Piñera y su inoperante gobierno. Mientras le pedía la sal a mi tía, esta me dijo: ¿Y desde cuándo  te diste vuelta la chaqueta? ¿Desde cuándo te pusiste tan roja?
No le contesté nada, básicamente porque me puse a pensar desde cuándo alguien como yo, crecida en una familia de clase media, sin pituto ni nepotismo, sin militancia ni mártires de la dictadura había salido media colorada.
Y hurgando en la memoria en el proceso de reconstrucción de mi historia y de la de tantos niños que crecimos en dictadura empecé a recordar ciertos hechos que me fueron marcando el camino a seguir que claramente viraba a la izquierda del escogido por mi familia.
Resulta que mi abuela materna, mujer que quedó viuda y sola en Argentina con 6 hijos, era una mina aguerrida. Crió sola a su prole, vivió un par de estafas y luego de muchísimo esfuerzo logró comprar una casa en la población Juan Antonio Ríos. Esa es la casa que yo le conocí, la que tanto amó y la que la acogió en su muerte hace ya unos años.
Cada vez que íbamos a su casa, tomábamos un colectivo en Matucana que pasaba por el puente Balmaceda. Mi mamá siempre se persignaba ahí porque me decía que “un curita muy bueno había muerto en ese lugar”. Claramente yo a mis cortísimos años, ni sabía que el curita aquel era Juan Alsina.
Bueno, el asunto es que un día tomamos el colectivo como cada sábado y al pasar ese puente (recordemos que no estaban las moles de las carreteras urbanas) nos encontramos con una tropa de militares. Muchos, muchísimos.
Corriendo algunos, de punto fijo otros.  Patrullas por todas partes, y gritos desde los blocks de la panamericana con Enrique Soro. Y justamente esa era la calle que debíamos tomar.
Un oficial, supongo, le dijo al colectivero que no podíamos pasar “por órdenes de mi general”. El chofer le dijo: pero señor, debo pasar, ve que tengo que hacer el recorrido completo, si la señora y la niña van ahí no más.

 – Negativo, nadie sale ni nadie entra al perímetro.

Recuerdo que al mirar por la ventana del auto no vi a ningún niño, sólo hombres mudos en la calle. Y recuerdo también que me puse a llorar. Las armas, el silencio quebrado por gritos de militares armados  y el no poder pasar me hicieron imaginar las peores cosas para mi abuela y mis primos que estaban dentro del dichoso perímetro que nosotros no podíamos pasar.
Finalmente el colectivo tuvo que devolverse y nos llevó de regreso a la Estación Central.
Tiempo después me enteré de la razón que nos impidió llegar a destino ese día. Había ocurrido hacía muy poco el atentado a Pinochet y los militares habían cercado la población, con fuerte tendencia de izquierda a fin de buscar armas.
Mi abuela vivía con sus 4 nietos en una de las casas de la población y dormía en el primer piso. En su pared colgaba un rosario de madera gigante, imaginen que cada una de sus cuentas era del tamaño de  un limón.
Cuando llegaron a allanar su casa se enfrentó a los soldados sola con sus 80 años a cuesta, su pelo perfectamente blanco y su voz firme:

-De aquí usted no pasa. Esta es mi casa.
-Córrase señora- le dijo apuntándole con  su arma.
-No me corro. Es mi casa, trabajé una vida completa para tenerla y ningún mocoso va a venir a meterse sin mi autorización.

Mi abuela era de temer. Criada en el campo de Illapel, le enseñaron a ser patrona de fundo pero la vida la llevó a convertirse en una obrera. Tenía su carácter la Isabel.
El soldado fue a buscar al oficial a cargo, cuando este llegó le dijo a mi abuela:

-Señora, déjenos pasar por las buenas si no quiere que entremos por las malas. Tenemos que revisar todas las viviendas.
-¿Quiere entrar?, venga conmigo. Lo tomó del brazo y lo llevó hasta su dormitorio. Estiró su mano y le indicó el rosario de madera que colgaba en el muro medio descascarado.- ¿Usted cree que teniéndolo a Él en mi pared voy  a tener esas cochinadas que ustedes andan buscando? Váyase de mi casa y no moleste a viejas solas.
Sea por obra divina, sea porque le tocó un buen milico, el asunto es que la casa de mi abuela fue la única a la que no entraron.
En mi pequeña mente algo no empezaba a oler bien. 

miércoles, 30 de mayo de 2012

La ardilla, los libros y la moto




Siempre me ha gustado leer. Bueno, al menos desde que tengo memoria. Recuerdo que cuando era muy chica mi mamá me compraba todas las semanas historietas del Pato Donald (Mickey me caía mal, vaya a saber una por qué) y mi papá en la calle me compraba cuentos para “colorear y pintar” (así rezaba el pregón de la señora que los vendía en el paseo Ahumada). Cuando crecí descubrí que mi mamá en su juventud y soltería había comprado muchos libros. De esos de empastes gruesos y de hojas cosidas. Bellos. A todo esto, mi papá estudió en la Escuela de Artes Gráficas la especialidad de imprenta y encuadernación, así es que él tampoco compraba cualquier libro (de hecho, arregla los míos cuando se rompen).
Adquirí por lo tanto, primero el hábito de leer y luego el gusto. ¿O fue al revés? Bueno, el caso es que como ya dije, siempre me ha gustado leer. En mi época escolar aparte de leer los libros obligatorios, leía también otros cuentos, enciclopedias e incluso diccionarios. Eso sí, me declaro absolutamente ignorante respecto a la literatura Latinoamericana, Mal, Una vergüenza (me gané pulgares para abajo).
Volvamos. También me empezó a gustar el olor a los libros, sobre todos a esos bien viejitos de hojas amarillas y para ello la Biblioteca Nacional se transformó en mi lugar favorito (Sala Gabriela Mistral, te amo)
A propósito de la lectura obligatoria escolar, confieso que “Francisca, yo te amo” y “Pregúntale a Alicia” eran como los Coelho y Sordo noventeros. Me aburrieron pero igual los leí.
Retornando al ítem libros, también me gustó ordenarlos. Sí, se lee harto ñoño, pero nada más lindo que un estante lleno de libros y que estos figuren ordenados ya sea alfabéticamente o por temas  (otra muestra más de mi ñoñería extrema). Ver sus lomos, los distintos tamaños, formatos, colores y texturas. Un primor.
Ahora bien, cuando entré a la universidad fue otra cosa. Ahí sí que leí y tuve que reaprender a hacerlo. Nunca había sacado tanta fotocopia en mi vida, porque claro, ni en mis mejores sueños me alcanzaba para comprar los libros originales. Manuales de Grecia y Roma, los textos de Teoría 1 , los libros de Descubrimiento y Conquista 1 ( ¡qué horror!), las 700 páginas que en promedio por prueba nos hacía leer Sagredo o el Otoño de la Edad Media de Huizingazzzzzzzzzzzzzzz casi me dejaron en banca rota. No todos los leí, he de confesarlo, pero al menos lo intenté. Es que los ojos no me daban para tanto. Aprovecho de confesar que nunca leí “Los Trastámara”, lo siento profesor Couyoumdjian, pero pucha el libro pa´ fome.
A medida que iba avanzando en los ramos mi pieza se llenaba y llenaba de fotocopias las que poco a poco fueron todas anilladas. Rayadas, subrayadas, con notas a los lados, papelitos de colores e incluso boletos de micros fueron la mayoría bien aprovechadas. Bueno, la manía de dividir los libros por capítulos con papelitos pegajosos de colores la sigo teniendo hasta hoy (tengo testigos). Ah, otra cosa que me quedó de herencia de mi paso por la Licenciatura en Historia fue la atrofia mental para leer libros de ficción. Pucha que me cuesta, pero la #hermandaTdelqueso se ha encargado  poco a poco de ayudarme a superarla. Gracias chiquillos.
Ahhhh,(suspiro) los libros.
 Bueno, siguiendo con eso, recuerdo que mi primer sueldo en la U fue en libros. Por estar dos días en un stand de las ediciones de la DIBAM don Rafael Sagredo (a.k.a El maeeeestro) me dio a elegir 5 libros (Aaaawwww, lindo, no?)
Bueno, cuando ya empecé a ganar sueldo de verdad y no en fichas o libros, empecé a gastar parte de mi dinero en… libros. Mi meta era comprarme todos aquellos que había fotocopiado alguna vez. Una lesera, lo sé, por eso la abandoné y ahora compro libros de... Historia. Lo siento, pero está en mi  ADN. Todos los meses me compro uno… bueno dos. Ok, a veces hasta 4 ¡pero es que no puedo resistirlo! En fin. Ya sea por los temas que estoy investigando, porque alguno me puede ayudar a hacer mejores clases, porque quiero conocer del tema o simplemente porque me obsesionó alguna colección. Por ejemplo, acabo de terminar de comprar la de Orlando Figes sobre Rusia. Ahora la pega es leerla. Lo de Anthony Beevor aún está en proceso, pero al menos “Creta” y “Stalingrado” ya los tengo. En versión edición cola fría pero no importa.
Debo reconocer, que soy una afortunada con esto de los libros porque en Chile comprarlos casi que es un lujo. Por eso es impresentable cualquier política pública de fomento a la lectura  que no contemple la eliminación del impuesto al libro. O sea, libros que en Argentina salen 5 lucas aquí he debido pagar hasta 30 mil. Así no se puede.  Leer incrementa la imaginación, fomenta las conexiones neuronales, mejora la ortografía, redacción y aporta en fundamentos al momento de argumentar. Puros beneficios por donde se le mire.
De todo lo anteriormente expuesto se puede deducir que uno de mis apodos de infancia era “ratón de biblioteca” pero con que usted me diga “ardilla de biblioteca” estamos.
Y bueno, ahora los dejo porque el @Karuruso me va a pasar a buscar en moto.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Una herencia dolorosa





En un día como hoy hace 68 años se proclamó la “Declaración Universal de los Derechos Humanos”. Tras los horrores de la segunda guerra mundial parecía justo y necesario poner por escrito aquello que debería ser una ley grabada en el ADN de cada persona: El respeto por el otro. No importa lo que piense, diga o cómo actúe, es otro idéntico a mi. Pero como somos especie porfiada, egoísta y ambiciosa, vamos por la vida pasándole por encima a lo diferente.
En un día como hoy pero hace sólo 5 años murió quien fuera el mayor transgresor de los derechos humanos en nuestro país.
Hace justo 5 años Augusto José Ramón Pinochet Ugarte murió a los 91 años. Nacido en Valparaíso el 25 de noviembre de 1915 tuvo una vida dedicada al ejército y, por cierto, al poder. No, no haré ni una semblanza ni una alegoría a su persona, pero siempre me pregunté cómo es posible que una persona en 91 años de existencia biológica y unos 50 de vida pública haya hecho tanto daño a tantas personas y de modo tan profundo.

¿Cómo es posible que una sola persona haya marcado a fuego a generaciones de chilenos y nos haya dividido hasta el día de hoy?
Si bien el clima social y político durante el gobierno de la UP estaba polarizado no fue sino hasta el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 donde todo se quebró. Tal como dice Brian Loverman y Elizabeth Lira, se empezaron a fraguar las ardientes cenizas del olvido, pues a 5 años de su muerte y a 21 del regreso a la democracia, Pinochet sigue generando anticuerpos y adhesiones, porque el caballero indiferente supongo no le es a nadie, o al menos a muy pocas personas.
En sus memorias Pinochet indicó que aprendió los males del comunismo y a odiar el marxismo mientras estuvo como Capitán en la cárcel en Pisagua durante la vigencia de la Ley Maldita, esa de defensa de la democracia promulgada por Gabriel González Videla.
Soldado ante todo, como él mismo se definía, llegó a ser el segundo al mando en ejército y el hombre de confianza de Carlos Prats, el mismo quien lo recomendó a Salvador Allende para el cargo de Comandante en Jefe del Ejército por su profesionalismo y por ser sumamente apolítico. Es más, Pinochet apoyó al gobierno de Allende en el Tanquetazo del 29 de junio de 1973 dirigido por el Coronel Roberto Souper. Era a todas luces un soldado leal.
Pero como sabemos que no todo lo que brilla es oro, Pinochet se plegó a última hora al golpe que rondaba en las cabezas de José Toribio Merino y Gustavo Leigh y ese martes 11 de septiembre, día soleado y cálido en el valle central su rol político y su sitio en la historia de Chile cambió definitivamente.
Ese día escuchamos su voz, esa voz inconfundible que resuena fuerte hasta hoy. Escuchamos sus palabras y aprendimos a temerle. Porque salvo un grupo minoritario de chilenos todos los demás aprendimos a temer, a callar, a llorar. Salvo ese pequeño grupo compuesto por políticos de derecha, militares, tecnócratas y empresarios, el resto tuvimos miedo. Aunque no fuéramos militantes de nada, aunque fuéramos sólo niños aprendimos a tener miedo. Miedo de las balaceras, de los cadenazos que nos dejaban sin luz, de los autos sin patente.
Familias divididas por la muerte, la cárcel el exilio y la tortura. Recuerdos borrados, proyectos truncados.
La bonanza económica que nos prometió Pinochet y los Chicago boys duró hasta 1982 cuando de golpe y porrazo nos caímos y por supuesto que a no todos les dolió por igual.
Pinochet nos heredó el miedo, el hablar bajito para que no nos escuche un sapo. A decir que “en esta mesa no se habla de política”. Nos dejó como legado una sociedad consumista donde el tener es más importante que el ser, donde la cooperación y solidaridad son sólo sueños porque el individualismo neoliberal es la respuesta: Cada uno se salva solo o se rasca con sus propias uñas.
Nos legó que lo privado es mejor que lo público, así es que vamos privatizando salud, previsión y educación.
Nos dejó una Constitución aprobada a punta de fraudes, sin padrón electoral y sin transparencia en los votos que nos rige, muy maquillada, hasta hoy.
Nos heredó también la estupidez de tildar de comunista a todo quien ose cuestionar el sistema económico en el que estamos sumergidos.
Nos entregó también el espectáculo de rehabilitación más espectacular desde la resurrección de Lázaro y una eficiencia que ya se la querría la Teletón. Llegar a Chile en silla de ruedas y levantarse en el aeropuerto ante la mirada impávida de millones de personas no la hace ni Kenita Larraín. Nos vio la cara de estúpidos, burló la justicia chilena, española e inglesa. Se puso en rol de víctima cuando todos sabemos que sobre él pesa la responsabilidad de la dictadura y de sus fraudes monetarios.

Porque no me van a decir que la casita en Lo Curro fue adquirida con subsidio DFL 2.
A cinco años de la muerte de Pinochet no me alegra que esté muerto. Me duele que se haya ido sin un juicio justo por toda, toda la dolorosa herencia que nos legó.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Chilenidad por decreto



Septiembre mes de la patria, dice la tradición. Apenas salimos de agosto y ya las banderitas, guirnaldas y un sin número de artículos tricolores empiezan a aparecer por doquier.La patria se tiñe de blanco, azul y rojo, se dispara la venta de carne, longaniza y carbón y en cientos de colegios de todo el país mini huasos y mini chinas se toman los actos cívicos.

¿Por qué?

¿Por qué nos baja este ataque de patriotismo que cae muchas veces en chauvinismo justo en este mes? ¡Ah!, dirá usted, es por el 18 de septiembre, día de nuestra independencia nacional. Pues bien, me permito dedicar las siguientes líneas para plantearle, al menos, la duda respecto a eso del “mes de la patria”

El 18 de septiembre de 1810 se llamó a un cabildo abierto en la ciudad de Santiago de Chile que, aparte de ser fértil provincia señalada en la región Antártica famosa, era una Capitanía General teniendo para la corona española valor en cuanto a frontera imperial, pues le daba más gastos que ingresos dada nuestra pobreza comparada con Lima o Santa Cruz. En fin, este rincón del mundo donde habitaba una elite pequeña y bastante emparentada entre sí, donde la obsesión por el orden era una máxima de fe, el patronato funcionaba sin mayores problemas y los comerciantes tenían importantes cuotas de poder también se vio afectado por la invasión napoleónica a España y la “captura”, del rey Fernando VII por parte de Napoleón quien puso en su lugar a su hermano José Bonaparte, el famoso “Pepe Botella”. No entraremos en detalles respecto al cómodo cautiverio del Borbón español ni de las juntas españolas. Me remitiré a 3 puntos, a saber;

Primero. Si analizamos el acta del Cabildo de Santiago claramente vemos que se jura lealtad al rey, despreciando al usurpador (Bonaparte). No habla en ningún punto de independencia soberana, república y menos nación. Es un documento firmado ante los vecinos de la capital del reino donde se jura fidelidad a Fernando VII. El objetivo era hacer una junta como la de Cádiz, por ejemplo, reconociéndose súbditos del Rey y no de los españoles. Cito: “depositó toda su autoridad en el pueblo para que acordase el Gobierno más digno de su confianza y más a propósito a la observancia de las leyes y conservación de estos dominios a su legítimo dueño y desgraciado monarca, el señor don Fernando Séptimo”. Considerando que los vecinos de Santiago eran la elite criolla, el concepto de pueblo excluye a la mayor parte de la población que, tal como dijo Portales, siguió por largo tiempo viviendo bajo el peso de la noche.

Segundo, el sentimiento de ruptura e independencia se manifiesta claramente con la llegada de José Miguel Carrera en julio de 1811 y se agudiza con la arremetida española tras la derrota patriota en Rancagua el 1 y 2 de octubre de 1814. Carrera llegó con bandera, escudo, ensayo constitucional y hasta con un censo. por otro lado, el desastre deRancagua trajo como consecuencia exilio, juicios, cárcel, confiscación de bienes entre otras medidas  las que convencieron a los criollos realistas que Fernando VII había vuelto al trono de no muy buen humor. La organización del Ejército Libertador allende los Andes y los montoneros organizados por Manuel Rodríguez permitieron, entre muchos otros factores que no analizaremos en esta ocasión, que el 12 de febrero de 1818 se proclamara la independencia nacional. En la ciudad de Talca se firmó el documento que, entre otras cosas adopta: “la resolución de separarse para siempre de la Monarquía Española y proclamar su independencia a la faz del mundo”

Ahora bien, si la Independencia se proclamó y firmó el 12 de febrero de 1818 tras el triunfo un año antes en Chacabuco y ad portas de la Batalla de Maipú, ¿por qué celebramos el 18 de septiembre la independencia? Para responder eso, volvemos a Diego Portales quien nos dará la respuesta.
Tercero y último. Portales fue quien realmente ejerció el poder más allá de los presidentes José Tomás Ovalle y José Joaquín Prieto de quienes fue ministro. En un decreto firmado el 8 de febrero de 1837 y en medio de la Guerra contra la Confederación Perú Boliviana, se establece que la celebración del 12 de febrero quedará “reducida en adelante a una salva de 21 cañonazos en las plazas y pueblos donde hubiere artillería y repique general de campanas a las 12 del día. En las casas públicas y de particulares se enarbolarán banderas por todo el día y habrá iluminación durante toda la noche”. Los motivos para suspender las fiestas patrias en febrero responde a tres razones fundamentalmente. Uno, febrero es época de grandes faenas agrícolas y, honrando a la patria en las chinganas y ramadas, los campos quedaban vacíos por cerca de dos semanas; dos, coincidía generalmente con el inicio de la Cuaresma lo que en una sociedad tradicionalmente católica merecía días y días de recogimiento, y tres revestía gran gasto público debido a que también se hacían celebraciones el 18 de septiembre, por lo que dos fiestas al año era muy caro. Tal como lo dice Paulina Peralta en ¡Chile tiene fiesta!: el origen del 18 de septiembre 1810-1837 (LOM 2007) a eso se suma que la elite siente como propia a la Primera Junta de Gobierno, una elite discriminadora, arribista y siútica que difícilmente reconocería mayor valor a una batalla ganada por un huacho –O´Higgins- y un argentino –San Martín.

El 18 de septiembre celebramos por decreto y bajo razones económicas, elitistas y religiosas una independencia que no es tal. Si bien el acta de emancipación del 12 de febrero de 1818 reconoce a la Primera Junta de Gobierno como el primer paso de un proceso, dista mucho de la realidad que las fuentes nos permiten reconstruir tildarla como “el día de la independencia”.

Baile cueca y tome chicha teniendo en mente que “ese 18” se le juró fidelidad al rey, que en 1837 Portales nos cambió la fiesta de febrero a septiembre y que Chile es mucho, pero mucho más que tradiciones impuestas por decreto.

jueves, 30 de junio de 2011

Chile: 200 años sin una constitución legitimada por la ciudadanía


Una Constitución Política puede definirse como un cuerpo normativo que establece principios y valores que rigen el ordenamiento jurídico de un estado, otorgándole un marco legal para regular las relaciones entre el estado, sus poderes y los ciudadanos. De lo anterior se desprende también que es la forma de plantear explícitamente el pacto que hay entre el pueblo y quienes lo representan en función del poder soberano delegado en ellos por los ciudadanos.

Teniendo en mente la anterior definición, es paradójico que Chile, un país que se jacta de ser republicano, en doscientos años ninguna de sus tres constituciones más importantes haya nacido fruto del consenso democrático ciudadano, sino que muy por el contrario fueron escritas entre cuatro paredes, legalizadas pero jamás legitimadas.

La Constitución de 1833 ha sido la de mayor duración en Chile y respondió a una coyuntura política donde la elite, dividida entre pipiolos, pelucones y estanqueros zanjó los destinos de Chile hasta bien entrado el siglo XX.
Tras la batalla de Lircay (17 de abril de 1830), el bando pipiolo fue desplazado del poder y pelucones y estanqueros se impusieron militar y políticamente. Si bien el presidente era José Joaquín Prieto, era Diego Portales quien movía los hilos de la política. En ese contexto se enmarca la redacción de una nueva constitución, una donde lo que importaba era el cargo de presidente y no quien lo detentara y donde su palabra era la ley.
Se convocó entonces a la “Gran Convención” para discutir el nuevo texto legal. Este grupo estaba formado por 16 diputados en ejercicio y 20 ciudadanos, de los cuales sólo 6 no estaban vinculados directamente al congreso. Si bien el concepto de ciudadanía para la primera mitad del siglo XIX que excluía a las mujeres era aceptado para la época, el carácter censitario del ciudadano plasmado por Mariano Egaña, excluía a los analfabetos -una gran mayoría de los habitantes-, a quienes no tuvieran propiedades y que tuvieran cierto nivel de renta. Por lo tanto, para esta Constitución y el Chile portaliano, la ciudadanía se remitía a la elite. Conclusión, nuestra primera gran constitución nació de un puñado de hombres de la más pura elite política decimonónica.

El siglo XX pilló a Chile en medio de la denominada “cuestión social” y un sistema político, el parlamentarismo que lejos de preocuparse de los problemas y cambios sociales se dedicaba más a vivir una suerte de Belle Epoque criolla. La crisis del Centenario, la matanza de la Escuela de Santa María de Iquique, la huelga de la carne, el surgimiento del Partido Comunista y la Primera Guerra Mundial parecieron pasar sin pena ni gloria para la fronda que seguía mirándose entre sí y brindando en sus lindos palacetes de la calle Dieciocho.
Hasta que en 1920 irrumpe la candidatura presidencial de Arturo Alessandri Palma. El León de Tarapacá llegó con nuevas ideas y promesas de cambios sociales para su “querida chusma” las que sin embargo encontraron en el parlamento una piedra de tope monumental. No fue hasta que se hicieron sonar los sables y con golpe militar de por medio (11 de septiembre de 1924) que la elite se remeció de sus asientos y comprendió que ya no vivían en el Chile finisecular que los llevó al poder.

Tras el regreso de su exilio en Roma después el golpe, Alessandri convocó a representantes de todos los partidos políticos a través del decreto N° 1422 de 7 de abril de 1925 para formar la “Comisión Consultiva”, tras fracasar el intento por convocar a una Asamblea Constituyente. La Comisión, compuesta por 122 personas, se dividió en dos subcomisiones, una de las cuales, la llamada “de Reforma”, presentó una propuesta con dos variantes, las que fueron sometidas a plebiscito el 30 de agosto de 1925, proclamándose el 18 de septiembre del mismo año.

La Constitución de 1925, redactada en medio de una sociedad quebrada, una institucionalidad devastada y con golpe de estado de por medio, no entró en real vigencia sino hasta 1932, cuando Arturo Alessandri asumió por segunda vez la presidencia tras el agitado período entre 1925 y 1932. De corte presidencialista, pretendió devolverle al primer mandatario el rol de poder Ejecutivo que el Congreso le obstaculizó durante el parlamentarismo.
Esta constitución también tuvo varias reformas, ampliando cada vez más el concepto de ciudadano, esta vez a mujeres, las que votaron por primera vez en elecciones presidenciales en 1952, a no videntes (1969) y analfabetos (1972). Sin embargo y como ya sabemos, la Constitución de 1925 entró en receso el 11 de septiembre de 1973.

La Junta Militar que asumió, con Augusto Pinochet a la cabeza, se autodenominó con un rol “refundacional y de restauración de la chilenidad”, por lo que era necesario borrar con gran parte del pasado, seleccionar aquellos aspectos que les servían e iniciar su programa que más bien fue desarrollándose en la marcha.
El 24 de septiembre de 1973 se llamó a redactar un anteproyecto constitucional a una comisión que poco avanzó dado que la misma Junta no tenía claridad suficiente respecto a metas y prioridades. En 1975, se cambió de ruta y se decidió redactar las “Actas Constitucionales”, las que cada una en sí misma sería un capítulo, por lo que la compilación de todas ellas daría una eventual nueva carta fundamental. Sin embargo, el 9 de julio de 1977 en “El día de la Juventud” más conocido como “Chacarillas”, se explicitó los planes de la Junta en materia constitucional donde se debía velar por una “democracia que sea autoritaria, protegida”. Chacarillas puso plazos y objetivos. Era necesario hacer una constitución pero, ¿cómo hacerla sin parlamento, sin partidos políticos, sin presidente y en medio de una dictadura militar? Fácil. Entre cuatro paredes.

Tras 57 sesiones el Consejo de Estado elaboró una propuesta constitucional. No entraremos en las disputas internas, baste decir que las ideas de Jaime Guzmán prevalecieron por sobre otras. Con un sistema económico neoliberal recientemente implantado, una institucionalidad tecnocratizada y ciudadanos replegados en sus casas con toque de queda y constante represión por parte de organismos de inteligencia, es difícil, por no decir imposible, sostener que el marco político en el cual nace esta Constitución era la democracia.

El 11 de septiembre de 1980 se sometió a plebiscito esta Constitución. Sin padrón electoral y con un Estado capaz de controlar todo mecanismo de información, fue aprobada, entrando en vigencia, pasando el general Augusto Pinochet Ugarte a tener el cargo de Presidente de la República hasta 1988, donde un nuevo plebiscito definiría su continuidad en el cargo. Pero eso, mis estimados y estimadas, es harina de otro costal.

Como hemos visto ninguna de las tres constituciones que han regido Chile por 178 años ha nacido de la voluntad popular. Han sido fruto de coyunturas marcadas por la guerra, la crisis política y la dictadura. Ninguna ha sido legitimada en procesos universales, abiertos e informados. Ninguna recoge las opiniones de los ciudadanos sino la del grupo dirigente, elite, fronda, aristocracia, clase alta, póngale el nombre que quiera, pero sabemos, sí lo sabemos, que son los mismos.

Hoy estamos en una coyuntura histórica crucial. Tenemos la oportunidad, los medios y la convicción que es posible de una buena vez construir entre todas y todos un país más justo y equitativo. Las demandas sociales que por estos días hacen estudiantes, trabajadores, ambientalistas, ciudadanos de a pie, chocan con la Constitución, un marco jurídico que ya no responde a la realidad del Chile actual. Una constitución que no nos representa, que no es legítima y que ya no aguanta otro parche más.

Por eso, si como yo demandas una nueva Constitución pon tu firma en esta carta, aporta con tus ideas y ven con nosotros a empujar el carro de la historia.

( Columna publicada 30 junio 2011 en www.elquintopoder.cl)

domingo, 12 de junio de 2011

La criminalización de un derecho. Primera Parte


Valparaíso, 1903

El derecho a pataleo es inherente al ser humano. Expresar nuestra opinión también lo es. Sin embargo no todos cuentan con los mismos canales de comunicación para hacerlo y en muchos casos, los sin voz deben agruparse para que sus demandas, opiniones y propuestas sean escuchadas. En relación a lo anterior y tras darle varias vueltas al asunto se me ocurrió…opinar, respecto de las huelgas, protestas y afines. Los invito a este viaje, que cuenta con 4 estaciones. Esta es la primera. Ah! Esta es una pincelada. Para profundizar, les dejaré al final la bibliografía básica.

Desde mediados del siglo XIX, los artesanos en Chile comenzaron a agruparse en pos de la reivindicación de sus derechos. Las mutuales fueron esa temprana expresión y Fermín Vivaceta una de sus voces. Estas organizaciones eran autónomas y tenían como finalidad la alfabetización de adultos y la rehabilitación del alcoholismo.

Paréntesis, cuando hablamos de los artesanos del siglo XIX no nos referimos ni la chamantera, los chanchitos de greda o las trenzas de macramé. Artesanos era el calificativo para quienes ejercían oficios tales como tipógrafos, sastres, panaderos, zapateros, entre otros. La “Sociedad de Artesanos La Unión de Santiago, fundada en Santiago en 1862 por Vivaceta fue la primera iniciativa de reunión de distintas mutuales de la capital. Cabe mencionar que las mutuales derivaron posteriormente en Mancomunales y Sociedades de Resistencia y que "La Unión" de Santiago sigue funcionando hasta el día de hoy. A los artesanos se fueron plegando trabajadores portuarios, mineros, obreros de las incipientes fábricas y ferroviarios.

Tras la llamada “Guerra del Pacífico” (1879-1883) se intensificó el movimiento y los trabajadores del salitre se sumaron a él. Las demandas, a la luz del presente, eran absolutamente sensatas, sin embargo en el Chile finisecular claramente no cabían ni si quiera en lo lógico. Peticiones como regulación de jornadas laborales, días de descanso y pago en dinero y no en fichas eran algunas de esas demandas. Nuestra elite política, tal como hoy, era una fronda que bien poco tomaba en cuenta a los obreros. El Partido Radical, fundado en 1862, algo recogió de esas demandas, pero no fue sino hasta 1887 cuando uno de sus militantes, Malaquías Concha se separó del partido y junto a Avelino Contardo fundaron el Partido Democrático, planteando propuestas revolucionarias como sufragio universal, laicización del estado y educación pública y gratuita para los obreros. Una anécdota (Esto les va a sonar conocido): El 29 de abril de 1888, a propósito de una protesta realizada en la Alameda contra el alza del pasaje del ferrocarril urbano, Malaquías Concha y sus correligionarios fueron arrestados. Su alegato ante la Corte Suprema consistió en la defensa del derecho de reunión y los fueros de su partido[1]. [ja!]

Los portuarios, entendiendo su rol estratégico en la exportación de salitre, jugaron esa carta para ejercer presión por reformas salariales y laborales. Es por ello que las huelgas portuarias del norte eran tan temidas por los dueños de las salitreras y no estaban equivocados en temer.

1888 fue un año clave. Hubo huelgas de tipógrafos, panaderos, portuarios y mineros, todas realizadas de manera aislada. El gobierno de José Manuel Balmaceda era profundamente criticado por la elite tradicional ( lo acusaban de dar demasiado espacio a los siúticos y medio pelo) al mismo tiempo que el Estado recibía generosas entradas por el concepto de impuestos a las salitreras. Caracterizadas por Zorobabel Rodríguez como “Huelgas comunistas y fenómenos aislados” fueron la antesala de la gran huelga general de 1890.

El 2 de julio de ese año, los lancheros de Iquique iniciaron los movimientos. El Mercurio de Valparaíso (4 de julio) publicó un telegrama que decía:” Graves desórdenes en Iquique. Choque de la tropa y bomberos con el populacho, 38 heridos. La huelga de los lancheros y trabajadores toma proporciones inmensas. Grupos numerosísimos recorren las calles atajando los coches y vehículos impidiendo todo trabajo. El gremio de los lancheros, que también toma parte de la huelga, exige el pago de sus sueldos en plata”[2].

Para el 17 de julio, toda la región del norte grande estaba movilizada. El telégrafo, los vapores, la mejora en los caminos y un grupo de dirigentes letrados ayudaron a la propagación de las ideas e instrucciones. La prensa obrera, la lira popular y álgidas arengas públicas fueron instrumentos efectivos que contribuyeron a la difusión del espíritu del movimiento. Debemos recordar que gran parte de los huelguistas eran analfabetos, por lo que la oralidad era una pieza fundamental para compartir el pensamiento obrero. Se tomaron salitreras, cortaron líneas férreas y sucesivamente se fueron plegando puertos a la paralización: Arica, Antofagasta, por ejemplo hasta que el 21 de julio paró el puerto principal. Los movimientos en Valparaíso fueron liderados por los trabajadores de la Compañía Sudamericana de Vapores, paralizando los trabajadores portuarios en incluso los panaderos. Por cierto, hubo represión, contando 12 muertos y 500 heridos ese día.

La Huelga sin embargo no cesó y llegó hasta la zona de Lota, punto estratégico para el embarque de carbón. Otro paréntesis. No olvidemos que estamos en julio de 1890, a seis meses del estallido de la Guerra Civil de 1891. Sigamos. La represión fue brutal, no sólo por parte de las policías y el ejército sino también en la prensa. Periódicos liberales acusaron a los huelguistas de “vándalos, ladrones y pillos” alentando (y justificando) la represión [bah, esto también me suena conocido]

El fin de esta huelga, la primera huelga nacional en sudamérica, fue el inicio de la articulación de los obreros de manera más organizada. El surgimiento de la figura de Luís Emilio Recabarren, la FOCH, la migración campo-ciudad y el estallido de la Cuestión Social fueron la contraparte de un sistema político parlamentario displicente y absolutamente ajeno a la efervescencia social que se vivió entre 1890 y 1925. Pero de eso, hablaremos en la segunda parte de esta historia. No se la pierdan.


[1] http://www.biografiadechile.cl

[2] http://www.archivochile.com/Ideas_Autores/vitalel/3lvc/03lvcmovsoc0008.pdf

http://www.rebelion.org/docs/46352.pdf

Bibliografía Básica:

*Sergio Grez Toso, De la "regeneración del pueblo" a la huelga general : génesis y evolución histórica del movimiento popular en Chile (1810-1890)Santiago, Chile Dirección Dibam, 1997

*Salazar Vergara, Gabriel: Labradores, peones y proletariados : formación y crisis de la sociedad popular chilena del siglo XIX, Santiago,LOM 2000

* Pinto Vallejos, Julio, Trabajos y rebeldías en la pampa salitrera: el ciclo del salitre y la reconfiguración de las identidades populares (1850-1900) Santiago, USACH, 1998.

domingo, 15 de mayo de 2011

Dictacracia/ Demodura


Democracia: Palabra que deriva de Demos (pueblo) y cratos (poder)
Soberanía: Capacidad de una persona,comunidad o nación de autogobernarse a sí misma Ciudadano: Miembro activo de una comunidad en quien se detenta la soberanía,la que es ejercida, principalmente, por medio del sufragio y de la participación social activa.

Ahora, tome esos tres conceptos, hágalos bolita y tírelos al tacho de la basura tal como las autoridades del actual gobierno lo han hecho desde que asumieron en general y en los últimos días en particular.

Esta semana fui testigo presencial de tres manifestaciones cuidadanas, así es que con cuentos, vayan a otra parte. Ya en un post anterior narré las peripecias de lo ocurrido el lunes 9 de mayo, día en que los SEREMI de Aysén dieron el visto bueno a Hidroaysén, pese a la oposición de los dos senadores de dicha circunscripción ( Antonio Horvarth y Patricio Walker); Dato no menor si consideramos que ellos son los detentores de la soberanía de los ciudadanos de Aysén.
El jueves fui a la marcha convocada por los universitarios. En un principio no iba a ir y de hecho, mis compañeros se largaron mientras me quedé en la biblioteca de la PUC en San Joaquín. Cuando terminé mi resumen de fórmulas físicas miré a mi alrededor y literalmente estaba la crema y nata de la socialité, ante lo cual me sentí como el grumito de la leche que uno saca de la taza y lo deja en el plato. Mis pares, mis otros significativos,marchaban y yo, en medio de conversaciones tipo " Que lata que nos subieron esl estaconamiento" o " Este fin de semana voy a Cachagua con la Titi y el Natcho" . Les juro que fue verdad.
Partí entonces. Dejé mi mochila con la sita Marisol en Historia y me sumé a la marcha en Curicó con Santa Rosa. Marchamos sin problemas por angostísimas calles hasta llegar a Bulnes con Tarapacá. La idea era llegar hasta Cóndor, donde estaba el escenario del acto, sin embargo un puñado de marchantes quiso ir a La Moneda. Primer guanacazo.
El resto (Una inmmmmmensa mayoría) nos instalamos a los pies del escenario a escuchar a los oradores del acto. Cuando terminaron, anunciaron música envasada y luego Manuel García, Inti Illimani y Villa Cariño. Sonó Viva Los Estudiantes y Gimme da Power de Molotov y sería. Fin de la paz.
Pues bien, nos sentamos en el pasto ( los que pudimos, el resto en el suelito no mas) a esperar, mientras, la Naty comia una manazna, Denisse una naranja y yo leía mis apuntes de física. Ñoñas a mil.
A todo esto, yo tuiteaba mandando fotos. Es que una se compromete con la causa tuitera. En fin. Estaba en esa cuando leo el siguiente tuit de @IgnacioIriarte :"Hinzpeter soltó los perros en Bulnes" -bah, pensé, pero si no pasa nada por acá.

De pronto y en menos de tres minutos, una estampida de gente que venía por Bulnes en dirección al sur nos puso de pie y tratamos de correr hacia Cóndor, pero no contábamos con la astucia de nuestros policías que habían llegado a Cóndor por Nataniel impidiendo el paso, por lo que la gente de Cóndor quería ir al norte, los de Bulnes al sur y nosotras - y varios cientos más, no teníamos para donde arrancar.
Mi primer temor fue la masa humana, el que pasó a décimo octavo plano cuando empecé a sentir el olor de las lacrimógenas. Pero no eran como las del lunes en la protesta de Plaza Italia. Estas eran feroces.
Ignoro si fue por cantidad, intensidad o composición química, lo cierto es que estas en particular fueron terribles. Más aún cuando nos hicieron una encerrona y nos tiraban lacrimógenas desde Bulnes y desde Cóndor.

La garganta comenzó a picarme.
Los ojos me empezaron a arder.
No podía respirar ni por la nariz ni por la boca.
Sentía que la piel se quemaba y los ojos no lagrimeaban lo suficiente.
Empecé a hacer arcadas y vomitar pero no podía detenerme a ello ( pido disculpas si manché a alguien)
Traté de correr sin perder de vista a las niñas con quienes iba, para una de las cuales esta era su primera protesta. No lo conseguí.
Sin lograr ver con claridad me estabilicé y miré a mi alrededor: Escolares desmayadas en el suelo, gente que se pasaba limón de mano en mano y pelolais que en su vida habían ido a una protesta, con ataque de pánico.
Seguí unos metros más hacia el sur sin ver a mis compañeras. Constantemente me tocaba la cara porque ardía demasiado. De pronto veo que me empieza a salir sagre de narices y la presión sentía que estaba por las nubes.
Saqué como pude los pañuelos y con un paquete entero pude parar la tonterita.
Al llegar al Parque Almagro me encontré con Naty y Denisse, mientras en Nataniel con Santa Isabel se elevaba una columna de humo, no blanco, precisamente
.
Caminamos hacia Arturo Prat alejándonos de las fuerzas especiales que se dirigían al lugar. Nos enfilamos hacia Avenida Matta y al pasar por 10 de julio quienes trabajaban ahí nos preguntaban si estábamos bien. Respondimos que sí, pero que la cantidad de carabineros era desproporcionada. "por aquí pasaron caleta hace un rato, les van a dar duro, pero pónganle hueos chiquillos a este gobierno"
Tras caminar pudimos despejarnos y respirar medianamente bien, aunque el ardor no se me pasó sino hasta bien avanzada la tarde.
Ignoro lo que pasó hacia el lado de la Alameda, pero al menos donde yo estaba ( Bulnes/Condor) no había desmanes sino hasta la encerrona, tras la cual, algunos de los que ahí estaban empezaron a tirar piedras a los buses verdes.
Sin ánimo de justificar, porque no lo haré, si miramos con más detalle la escena de Estudiante= piedra y Carabinero = bototo, chaleco antibala, casco, arma y lacrimógena veremos que la disparidad de fuerza es evidente.
Carabineros usó y abusó de la fuerza en una marcha autorizada, tal como ayer pasó en la marcha masiva contra HidroAysen. Más de 30.000 personas marchando y para Daniel Fernández sólo se trata de tuiteros y para el biministro de gente desinformada.
Lo que aquí esta pasando es serio, y en la medida que este gobierno no le tome el peso que correponde ni analice las variables en su totalidad seguirá dando palos de ciego. Muchos palos.


El gobierno y en particular el Ministro del Interior Rodrigo Hinzpeter insisten en ver estas manifestaciones como hechos aislados, puntuales de un grupúsculo de personas.
No señor. El telón de fondo es HidroAysén, pero la gente no sale sólo por ello: Marcha por el alza del pan, por las semillas campesinas, por Pascua Lama, por el Post Natal trucho, por Puchuncaví, La Greda y un muy largo y triste etcétera. Este gobierno ganó muchos votos prometiendo ser mejores que la Concertación y hasta ahora sólo nos han demostrado que juegan a una pobre teoría del empate "Si la Concerta tuvo Mop Gate nosotros tenemos a Kodama" "; Si la Concerta reprimía a la hora de manifestación, nosotros lo haremos a los 15 minutos" .Por favor, seamos serios.
Vinculado con lo anterior, quienes salen a marchar no son sólo hippies de mierda. Ayer en la marcha contra Hidroaysén habian familias completas,académicos, secundarios, universitarios, ejecutivos, entre otros. Además, desde los departamentos se asomaban mujeres principalmente a golpear con las cacerolas ¿Se atreverá a decir el señor Golborne que quienes marchan somos un grupo de ignorantes? Ojalá que lo diga, pero en mi cara.

Por último, no se trata sólo de defender patrimonio cultural y biológico en el Baker y el Pascua. Se trata de rescatar la república de las fauces de estos personajes que toda su vida han trabajado para sí mismos y para el lucro personal y que ahora, por coyuntura política y negligencia de la Concertación, lograron acceder al poder político formal.

No marchamos sólo por unos lindos cerritos y un río groso para el raftting. Marchamos porque somos ciudadanos, somos soberanía y estamos en democracia.
...por mucho que a algunos les pese y quieran volver a un ochentero pasado.